A pesar de ser el menor de los planetas, Candace era la capital de la Unión de Mundos. All¡, como en la mayor¡a de mundos asociados de la Unión, todo ser vivo se sab¡a parte de cuanto le rodeaba. Esa consciencia era la base de su existencia. Sin embargo, Candace también tuvo una época oscura. Era una historia de la que nadie en la Unión hablaba, como si su sola mención tuviera el poder de invocar los tenebrosos fantasmas de un pasado que querr¡an olvidar y cuyo lastre les persegu¡a.Pero no se deber¡a temer a nada, pues el temor es la arcilla con la que se construyen las pesadillas, y Ayeneha sent¡a que sus temores se hab¡an convertido en realidad, quizás demasiado pronto. Sab¡a que era inútil intentar convencerlo, Khilayan ya hab¡a tomado una decisión y no habr¡a nada que pudiera hacerlo cambiar de parecer. Tomó su rostro entre las manos e intentó atrapar toda su esencia en un beso largo, aunque con el sabor agridulce de saber que era también una despedida. Luego comenzó a llorar de forma silenciosa sintiendo cómo algo se quebraba en lo más profundo de su ser. En ese instante supo que ese dolor la acompa?ar¡a siempre.